sábado, 11 de diciembre de 2010

Razón del sin querer.

No sé cómo explicarte
esto de lo que no tienes culpa.
Más yo no estoy lista para caer otra vez
de rodillas ante la misma vida.

Ya antes me enredé por las ramas
como chincolita traviesa
que vuela sin desconfianza
aunque sepa que el águila anda despierta.
Ya me enredé con el hilo
del volantín que elevaba un niño
Y bajé la mirada
de la pura pena que me embargó con mis alitas rotas.

No sé cómo explicarte que si no te grito;
es porque no quiero quedar sorda.
Que si no me derrito;
es porque me puse unos dos de menta con hielo.
Que si no dibujo corazones;
es porque me limé las uñas.
Que no es que no lo esté intentando
no es que no me guste oír tu voz
es sólo que hoy perdí mis pasos.
Perdí la coreografía de la danza
y casi no me entero cuando era la entrada.
Quiero buscarte, pero estoy ciega.

Y en eso estamos: Un tuerto tratando de guiar a una ciega en un mundo de daltónicos.

martes, 30 de noviembre de 2010

Lo que realmente detesto de ti.

Lo que detesto de ti no es tu sonrisa, tus ojos, ni tus palabras.
Lo que detesto de ti no son tus caricias, tus excusas, ni tus ausencias.
Lo que realmente detesto de ti, es tu increíble don de destruirme y construirme con excesiva facilidad.
Es el cómo adornas mis ojos con lágrimas y brillos a tu antojo.
Es como me dejas en un sobre, en un buzón sin remitente ni destino.


S.B.

Sé qué no llegaremos a algún lado.
Sé que somos agua y aceite.
-que tú eres aceite-
Que sólo tenemos la suerte de un disparo de química.
No otra cosa.
Aunque intentemos ser primera persona plural.
Nunca seremos más y lo sabemos bien.

Pero hemos sido tanto a la madrugada,
Llenamos tantos vacíos en las sábanas,
entre el sonido del hambre, y la calma desnuda abrasada,
entre mis risas coquetas, y tus miradas destelladas.

Pero el día llegó.
Me despierto,
reposo en tus brazos,
miro finamente un lunar de tu espalda,
me levanto rápido.
Con el cabello suelto y desordenado,
me miro al espejo;
y yo sigo siendo agua.

martes, 9 de noviembre de 2010

Nunca. I

Nunca tuve miedo a ser asesinada.
Hasta que me olvidaste...

martes, 19 de octubre de 2010

Medusa con frío.


Déjame besar tu boca
y creer que adentro tengo una fiesta;
morder tu hombro;
y sentir que soy la primera.
Conquístame.
Hazme dulce,
frágil pero valiente
Enceguéceme.
Déjame ser la gorgona de tu odisea,
Antes que me mire en un espejo y me haga piedra
Agarra mis manos de sorpresa y has que me sonroje,
Deja que te mienta y diga que jamás he sentido esto antes,
Antes que olvide como se quería
antes que ya no pueda decir nosotros
antes que mis negaciones me dominen y mis ventanas se cierren
antes que me vuelva una estatua del sal
y ya no quede más que me lleve el mar.

Jesús desde la cuna.

Después de pasar de brazo en brazo, terminé con mi abuela, quien con sus 45 bien tenidos años, odiaba que le dijeran lo que era: Abuela. Su temor a envejecer la hacen una adolecente de pelo teñido y senos caidos.

Una noche mientras gemía con el pastor del grupo cristiano del barrio, yo me mantenía en silencio, en un silencio casi irrespirable adentro de mi cuna, con la idea de que no supieran de mi existencia, o de que no se les fuera a ocurrir alguna cosa que me involucrara.

Mientras mi abuela estaba estirando cada vertebra de los dedos de sus pies, el pastor terminó por verme:

-¿Y esa guagua?

-Ah, era de Mi María, la pobre se dio la última zumba antes que naciera el crio, y pa´ no que cae con la cabeza en plena vereda, y murió, en plenas fiestas. Cuando me llamaron me jodieron toda la celebración. No si, hasta última hora anduvo haciendo escándalo. No sé de a onde habrá salio´ esa niñita.

Venga mejor, que cuando pienso en ella y miro al crio me da pena.

-¿Cómo se llama?

-Jesús.

Desde esa noche bajo los gemidos y rasguños de mi abuela, al pastor se le metió en la cabeza llevarme a su casa, con su señora y sus tres hijos. Ni seis meses y ya quería hacerme suyo el muy hijo de puta. Y claro, que mejor para un pastor que tener al mismo Jesús en su casa.

-Llévatelo si querí, a mi me recuerda demaciao´ a la María, y tu sabí´ que yo no tengo genio pa criar –Respondió mi abuela cuando le ofreció un techo para mí y una mesada de parte de los fieles para ella.

jueves, 14 de octubre de 2010

Jesús.

Yo soy Jesús, sí, tal cual. Yo soy Jesús.
Nací aquí en esta misma vereda de calle Nazaret, por eso me llaman “El Jesús de Nazaret”. Una tarde calurosa de 25 de diciembre de 1967 fue la que me parieron.
María Teresa –Mi madre- era una joven que parecía un camión con su túnica de embarazo, y que salió como pudo esa tarde calurosa de la casa a pedir ayuda, cuando empecé a patear desde a dentro con todo lo que pude, para salirme de ese vientre ya mórbido. Tanto fue el dolor de mi escape, que María se desmayó en plena calle y se pegó justo con el borde en pleno mate, confundiéndose la sangre que salía de sus sesos gastados, con la de su vagina. Entre la confusión y los gritos de los sapos, nací yo. No lloré desde el primer momento en que vi al mundo donde me habían tirado, primero lo observé, detenidamente, –aunque no crean que un mocoso recién nacido, pueda ser consiente, yo sí lo era.Es más: Siempre lo he sido- y cuando el gris del cemento, el rojo de la sangre, y el hedor de la mierda llenaron mis ojos, lloré. Lloré a todo pulmón, entre los comentarios de las moscas:

-Seguro que con el porrazo de la mamá quedo tonto.
-Con to’ lo que se metía la maría pa’ entro, no es pa’ menos.

A esas viejas la miré fijo entre el llanto que desgarraba. Más adelante me encargaría de ellas.

María Teresa murió a las horas después, desangrada camino al hospital en una ambulancia que llegó tarde. Como todas las ambulancias que han tenido que llegar en mi vida.