martes, 16 de junio de 2009

Asiento 25, ventana porfavor.

Me veo de regreso al mar, pero esta vez sola.
Asiento 25, ventana por favor –Pido en el Terminal – Miro a la ventana, y aunque me cuesta ignorar al par de flaytes que van tras de mi, que no paran de hablar de lo “Choros” que son y de los videos de Daddie Yanke (HORROR), no evito retrotraerme a esos días felices, a ese viaje, que por más que he intentado, ni con los planetas alineados ha vuelto a resultar.
Ahora viajo sola; de pura tincuda y porfiada que soy, convencida que me las podré aunque el mundo se ponga en contra y de cabeza, aunque tenga que agarrar mis maletas y partir sola a cualquier parte, convencida de mi seudo autosuficiencia, y del crecimiento personal que esto puede llegar a ser.

Es hora de pagar las deudas, de da las gracias, y pedir ayuda –Pienso en la ducha- Me arreglo, y bajo a la playa, que más bien es un roquerio. Me las doy de aventurera y escalo cuanta roca o piedrecita se me cruza, hasta que me topo con una animita, que no estaba la última vez que vine aquí, y me dio un escalofríos enorme:
Dos jóvenes, Joan y el “Tayo” de aproximadamente 22 años, por ellos veo también una cruz blanca pintada en lo alto de una roca; sin proponérmelo llegué casi hasta ella. Después de hablar un poco con estos nuevos reyes de la playa, subo a una roca alta y grito. Grito muy fuerte, y es que le estoy hablando al mar, y quiero que me escuche: - “Te extrañé mucho”, “Gracias por esos días tan felices”, “Ayúdame, límpiame, sácame esta pena…”- Le decía, mientras reventaba sus olas en las rocas. Saco muchas fotos (Como es típico en mi), nunca me deja de sorprender el mar, su magnitud, poder, y belleza; Pienso y le hablo a la luna, al Tayo, a Joan, a mi misma, a los replanteamientos, a las esperanzas que se quieren cansar, a los bajones, a la soledad que se siente, a mis ganas, a mis miedos y a ese aire de mujer que lo puede todo y en tacones más encima, que me ataca de vez en vez.

El viaje termina, y por esas cosas de la vida, nuevamente me toca el asiento 25, ventana. Solo que ahora sin pedirlo, y sin ese par de flaytes, solo con un par de cotorras que no dejan dormir a nadie, pero no importa, me voy leyendo, probablemente cosas que no debería, y me voy pensando, y pasando siete películas de cosas que podrían pasar, como preparándome para lo imposible, que por estos lados siempre es posible. Pensando en mi sobrina, que me cuentan que le dio la fiebre esa de los humanos porcinos, o porcinos humanos, y la gente que me pregunta por este resfrío mal cuidado. Pienso que no le tengo miedo a esas cosas, que si me llegase a dar, bueno, no me importa mucho, prefiero otras, como aprender a dominar esta guitarra que he llevado al hombro toda la semana y me tiene la espalda hecha pebre y esas canciones que perdí no sé donde, y que necesito recuperar lo antes posible, antes de volverme aún más loca escuchándome a mi misma.

Nuevamente estoy con mis maletas en el metro, ya de regreso a casa, pero esta vez sin el alma en las nubes como antes, sino en la mano, entre feliz, nostálgico, triste y nuevo. Con la absurda esperanza de volver: Asiento 25, ventana por favor – Diré- Y tú te reirás de que siempre quiera viajar mirando el paisaje, por más feo que pueda ser, pedirás el 26, e iremos por unos dulces y agua para el camino, cada uno con su guitarra, preparados para mandar todo a la cresta, darle las gracias al mar, y decirle cuanto nos ha hecho falta durante todo este tiempo…

Despierto y me río de mi misma; Es que nada me ha hecho dejar de ser una mujer ilusa y soñadora, lleve o no tacones altos.

lunes, 11 de mayo de 2009

Profesor Grabadora.


Miren como dicta ese perico, y como escriben cabeza gacha esos futuros albañiles grises.
El dice que enseña, mientras se le seca la boca dictando el último párrafo de hoja.
El dice que ama la educación; pero que flojera intentar hacerlo mejor.

Si una persona aprende a ser una grabadora, después podrá decir lo que sea que graben en el, con lo peligroso que puede ser eso.
Algo muy manejable, ideal para no inducir al incómodo cambio, ideal para que los jefecitos sigan manejando tranquilos.

Mantener a la masa en ignorancia, no es solo dejarla sin información, sino también enseñarle a ignorarla y que repita solo lo justo y necesario.

Que peligro, que peligro…

Es que no quiero pensar lo justo y necesario; y es que necesito saber por qué.

Aprieta “Play” y no te diré nada. Lo siento, fui una mala alumna, no sé grabar, y menos, decir lo justo y necesario.

domingo, 3 de mayo de 2009

Afírmate, que te olvidé por un rato ayer.

Si sentiste un temblor anoche, no fue la tierra. Fui yo.
Si sentiste que algo se te iba cuando besabas a la de turno, tenías razón; era mi amor.

Y francamente yo no lo pensaba, ya estaba sobrepasada.
Yo ya era un souvenir. No, en realidad nunca lo he sido.

Cuando sentiste ese desgarro, seguramente fue por que estaba bailando.
Cuando sentiste ese dolor, seguramente fue por que estaba charlando.

Que lindo es saber que si puedo vivir sin ti.
Que lindo acordarse, que no solo soy feliz a tu lado. No fue fácil amor, no lo fue.

Afírmate, que te olvidé por un rato ayer.
Y algo me dice, que es solo el comienzo.

Cuidado, por que sé que para ti, de alguna forma no será fácil.
Que nos dejen de amar de alguna extraña manera nos desdicha, y eso es lo que tú lograste:
Que me levantara al fín frente al mundo decidida a escapar; decidida a que me perdieras.
Aunque nunca hubieras sido capas de verme.
¡Y más aún, por que nunca fuiste capas de verme!

Afírmate amor, que te olvidé por un rato ayer.

jueves, 23 de abril de 2009

A mi misma

Sorprenderse a si misma es una de las cosas más lindas que existen, cuando uno logra tomar conciencia de ello – Le dije a mi querida amiga-

Por ello, Cristina Linnet: te aviso que es hora de sorprendernos. Es hora de realmente aceptar las cosas, y no a través de la resignación, sino por el verdadero sentido de la comprensión.

Esta noche será la última que llore por ti. Mañana despertaré, ya con más color; Decidida a florecer. Y sorprenderé a mi reflejo, lo prometo, cueste lo que cueste, ya no apareceré solo en fotos blanco y negro, ahora esta sonrisa no te la saca nadie Cristina.
Sorprenderse a si misma... tal como lo hizo mi amiga querida.





domingo, 19 de abril de 2009

Cuando cantas en mi ventana

Esa tarde soñó que era un pajarito.
Que volaba por el alto cielo,
de esos que se ven después de la lluvia; celeste puro,
entre nubes blancas,
alejado de este suelo,
camino al sol errante.
Sintiendo la alegría como la sangre que corre,
conociendo la paz y la libertad como no se nos permite a los que caminamos en asfalto.

Voló por todo el mundo,
sentía el viento en su cara,
bebió agua del roció,
siguió por la ruta del pasto verde y las flores con aroma a amor.
Vio a más aves como el volar al mar,
y por primera vez se sintió acogido, con los suyos: En familia.

Pero había que despertar.
Y el seguía siendo aún un pajarito con sed de libertad.
Y se vio encerrado entre las cuatro paredes beige que formaban su pieza,
y se sintió ahogado,
y se dio cuenta que tenia los pies en la tierra.
El era esa ave que despertó en una jaula.
Ante eso, no halló más solución que el arma que escondía bajo el colchón.
Y no halló más solución para poder volar.

No se despidió de nadie, al menos expresamente,
y no se despidió de nadie.
Y no halló más solución que esa bala para poder volver al cielo.
El solo quería volar, el solo quería libertad…

Caminó decidido hacia un sitio eriazo,
más seguro que nunca;
con la ansiedad de los adictos, con la necesidad de los amantes.
Y no halló más solución que esa bala para poder volar.

Así como el coraje del cual hay que armarse para amar,
es el que ha de usarse para abrazar la muerte,
para besar un sueño, para tocar la libertad…

A la mañana siguiente su cuerpo estaba frío, pero en el había un ligera sonrisa.
En el suelo dejó un vacío, pero ese día se sumó un ave al cielo.

Cuando cantas por las tardes, pienso que tal vez me gustaría tener la mitad de tu coraje, ese coraje medio incomprendido, pero que logro entender cada vez más al verte volar.

domingo, 12 de abril de 2009

Vete por mi.


Algunas veces al día llegas a mi mente; En realidad todo el día.

Y mientras trato de hundir mi cabeza en agua de mar, los peces parecen caminar en el cielo.
Y mientras doy martillazos al reloj, a ver si el tiempo se apura. Tú sigues aquí.
Y mientras miro al fuego directamente, haber si su llama quema tu recuerdo.
Yo lo intento amor. Juro que lo intento.


Mientras camino en la calle tratando esconderme entre la gente, esperando que una mano extraña me hable y te espante de aquí por un rato.
Y escribo, escribo y escribo para ti, deseando cortar mis manos. Deseando enmudecer mis letras, que no saben callar ni hablar. Mientras me subo a un árbol y hago que mis lágrimas se hagan lluvia.
Mientras me recuesto en la luna, y me pongo a contar las estrellas que miran hacia el suelo.
Mientras se hace de noche, y tú aún no te vas.


Vete. Por favor. Vete. Necesito poder dormir, poder pensar, poder vivir en honestidad y sin ti. Necesito que se salga este gris, y poder ser feliz.


No te vallas nunca de mi lado, pero si de aquí. De mi.

viernes, 3 de abril de 2009

El problema.

Y el problema es que no se ha dado cuenta.
Sé que no se ha dado cuenta: Del parecido que ella tiene con sus propias cenizas.

Estoy segura que no se ha dado cuenta: Del torbellino de amor al que no se enfrenta, de esa voz que se apaga en ausencias y silencios, en ires y venires, en ese devenir perpetuo que puede significar vivir y no vivir a la vez.

Firmo de puño y letra ensangrentada que el no se ha dado cuenta; que no ha mirado a su lado, que no ha sido capaz de pensar más acá, que no han convenido ni el entendimiento ni el amor en la dicha ni en la historia del ser humano.
Que cada vez más esas cenizas se escapan de sus manos, se mimetizan con el viento, y vuelan sin más destino que un minuto eterno bañado en nostalgia.

Seguro no se ha dado cuenta, que ella de irse, no volverá jamás.