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lunes, 4 de junio de 2012

Renuncio



Mediante la presenta carta vengo ante tus enojos y reproches presentes a entregar de manera formal mi carta de renuncia; una renuncia tajante y adolorida, una renuncia convencida por el abandono:

Renuncio a la desidia, a esperar para nada, a tus egoístas minutos mal organizados y sobrevalorados. Renuncio por que necesito hacerlo, y peleé, prometo que peleé por no hacerlo. Pero estaba sola esperando en una cama cada vez con más frío, cada vez con más pena, con un ardor que aún mantengo, pero que desde hoy sólo va a la baja. Renuncio por que no puedo ya hacer otra cosa, por que hay gente esperándome y yo no le fallaré, momentos que me piden ser cumplidos, y  porque  en este minuto en que necesitaba un abrazo, tu culpa sacó las garras. Porque creer en ti fue uno de mis errores , pero el peor fue seguir creyendo.

Tú no dejaras esa cama, ese rostro que te ve todas las mañas, ni esa rutina que te ahoga pero te cobija, y yo ya no puedo intentar estar en ella. Lamento informar que es probable –y sin mucho querer-  que desde ahora te queme tal como lo que se quiere y no se tiene; te voy a envenenar lento y largo; te voy a doler siempre, como una espina a medio sacar, por que tu lo pediste y quisiste, por que nunca te atreverás a hacer más, ni irás a botar el listón de mi sostén con tu boca para mirar lo que tanto te gusta mirar de nosotros, y es justamente eso, lo que te va a pasar la cuenta.

Yo estoy harta de ser la valiente que se tropieza a cada rato con tus pavores. Yo quiero decirte adiós, y es definitivo, tajante como sólo los decepcionados pueden pronunciar las palabras. Pero no he dejado de tener sed, desde que supe que podías darme agua.

No he mentido ni un poco en esta burla a los versos, no he ofendido a nadie con mucha intensión, sigo queriendo a tus besos recorriendo -no lo negaré-, pero estoy tranquila por que yo sí me atrevería, por que te dije que quería, por que te llevaría a un piso 6 cada martes de tarde, y porque ardo, pero sé que voy a dejar de arder.He perdido, lo admito, con dolor lo admito, -aunque yo sea también una perdida definitiva e tu sacada de cuentas- pero esta sed, esta ansiedad va a pasar, por que fui y soy aguerrida, va a terminar porque hice todo lo que pude para quedarme en silencio a tu lado. En cambio lo tuyo recién empieza, estás ahí deseando lo que te desea, pero la culpa hace de tus pies cemento: Vas a quedar inválido de amor por castigarme con tu cobardía; y nuca saciarás tu hambre, por que yo voy a estar saciando la mía.

A pesar de todo, quisiera escribirte algo bonito, algo simple pero dulce, quisiera no tener esta sensación de no dejarte pasar, y sólo desearte bien, no encontrar las huellas de todo esto que dejaste a medio andar, de esta cojera que ya no haya equilibro. Pero no sé como empezar, ni si me quisieras recibir. No quiero darte un reproche, no quiero gritarte, ni detestarte, intentaré que así sea, pero yo que cuido el cumplimiento de cada palabra que sale de mi boca, no puedo decir que te he perdonado. Otro beso para mi sería perfecto, pero sé que su sabor ya me sería amargo. Quiero que estés a mi lado, y no al lado de tus culpas, quiero que me beses a mi y no a quien los años te acostumbraron. Cuando comencé a ser esa otra, creí que era más fácil. Pero cuando supe que en tu ecuación soy la letra que sobra, cuando vi que mi sal no tiene vueltas, cuando te vi aterrado con tus moralidades cristianas, fue cuando decidí que mi renuncia era necesaria y urgente. No te preocupes, que lo bueno es que de ti ya no espero nada y que ya asumí –sin anestesia- que no soy apta para el cargo.

¿Qué se siente estar siendo olvidado?

martes, 16 de junio de 2009

Asiento 25, ventana porfavor.

Me veo de regreso al mar, pero esta vez sola.
Asiento 25, ventana por favor –Pido en el Terminal – Miro a la ventana, y aunque me cuesta ignorar al par de flaytes que van tras de mi, que no paran de hablar de lo “Choros” que son y de los videos de Daddie Yanke (HORROR), no evito retrotraerme a esos días felices, a ese viaje, que por más que he intentado, ni con los planetas alineados ha vuelto a resultar.
Ahora viajo sola; de pura tincuda y porfiada que soy, convencida que me las podré aunque el mundo se ponga en contra y de cabeza, aunque tenga que agarrar mis maletas y partir sola a cualquier parte, convencida de mi seudo autosuficiencia, y del crecimiento personal que esto puede llegar a ser.

Es hora de pagar las deudas, de da las gracias, y pedir ayuda –Pienso en la ducha- Me arreglo, y bajo a la playa, que más bien es un roquerio. Me las doy de aventurera y escalo cuanta roca o piedrecita se me cruza, hasta que me topo con una animita, que no estaba la última vez que vine aquí, y me dio un escalofríos enorme:
Dos jóvenes, Joan y el “Tayo” de aproximadamente 22 años, por ellos veo también una cruz blanca pintada en lo alto de una roca; sin proponérmelo llegué casi hasta ella. Después de hablar un poco con estos nuevos reyes de la playa, subo a una roca alta y grito. Grito muy fuerte, y es que le estoy hablando al mar, y quiero que me escuche: - “Te extrañé mucho”, “Gracias por esos días tan felices”, “Ayúdame, límpiame, sácame esta pena…”- Le decía, mientras reventaba sus olas en las rocas. Saco muchas fotos (Como es típico en mi), nunca me deja de sorprender el mar, su magnitud, poder, y belleza; Pienso y le hablo a la luna, al Tayo, a Joan, a mi misma, a los replanteamientos, a las esperanzas que se quieren cansar, a los bajones, a la soledad que se siente, a mis ganas, a mis miedos y a ese aire de mujer que lo puede todo y en tacones más encima, que me ataca de vez en vez.

El viaje termina, y por esas cosas de la vida, nuevamente me toca el asiento 25, ventana. Solo que ahora sin pedirlo, y sin ese par de flaytes, solo con un par de cotorras que no dejan dormir a nadie, pero no importa, me voy leyendo, probablemente cosas que no debería, y me voy pensando, y pasando siete películas de cosas que podrían pasar, como preparándome para lo imposible, que por estos lados siempre es posible. Pensando en mi sobrina, que me cuentan que le dio la fiebre esa de los humanos porcinos, o porcinos humanos, y la gente que me pregunta por este resfrío mal cuidado. Pienso que no le tengo miedo a esas cosas, que si me llegase a dar, bueno, no me importa mucho, prefiero otras, como aprender a dominar esta guitarra que he llevado al hombro toda la semana y me tiene la espalda hecha pebre y esas canciones que perdí no sé donde, y que necesito recuperar lo antes posible, antes de volverme aún más loca escuchándome a mi misma.

Nuevamente estoy con mis maletas en el metro, ya de regreso a casa, pero esta vez sin el alma en las nubes como antes, sino en la mano, entre feliz, nostálgico, triste y nuevo. Con la absurda esperanza de volver: Asiento 25, ventana por favor – Diré- Y tú te reirás de que siempre quiera viajar mirando el paisaje, por más feo que pueda ser, pedirás el 26, e iremos por unos dulces y agua para el camino, cada uno con su guitarra, preparados para mandar todo a la cresta, darle las gracias al mar, y decirle cuanto nos ha hecho falta durante todo este tiempo…

Despierto y me río de mi misma; Es que nada me ha hecho dejar de ser una mujer ilusa y soñadora, lleve o no tacones altos.