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miércoles, 11 de agosto de 2010

Café con tres de azúcar por favor.

Sin darme cuenta echaste esperanzas a mi café,

sin querer queriendo me embriagó tu cariño.

Y las huellas quedaron marcadas en la fibra nerviosa, en la piel de gallina, en el calor palpable.

Espero ser como la tinta engreída de un tatuaje, y que haya manchado tu piel con un flash back de sonrisas diarias.


Mi silencio es consecuencia obvia, es un mal no necesario.


Sólo espero al menos ser un fantasma en tus manos; más no pido. Aunque admito que me habría quedado eternamente en esos días y esa noche, donde me asaltó quien callado sólo miraba; quien antes de desnudar el cuerpo; desvistió la mente, el alma, las ganas, las debilidades, y la sonrisa verdadera.

Me podría acostumbrar rápidamente a un café tan dulce…

domingo, 15 de noviembre de 2009

Bajo mi cama.

Entre el polvo, los sapos, y Juárez,
barrí bajo mi cama,
y aunque me pillé con tus malditas sonrisas,
no pude evitar sacarte y botarte a la basura,
y aunque sonreí al pillar las fotos rotas,
no pude evitar querer quemar la pieza.

Bajo mi cama estaban ese cerro de deseos,
ese hombre que yo espero,
un montón de pesadillas y sueños sin cumplir,
una mujer en reemplazo de la que escribe; por si otra vez me da por huir,
un sobre de palabras rotas; que pensé usar en un montón de ideas,
y ese par de huellas necias que marcaron pasos falsos alguna vez.

Bajo mi cama está Ness,
y por qué no también un pasajero de aquel tren.
Un abrazo calido y un beso que se seca;
por si alguien quiere ir por el.

Bajo mi cama,
me reencontré con tres cuentos incompletos,
una rumba de polvo,
una película de azar,
algunos de mis restos,
y una canción vieja que no quiero volver a ver.



martes, 13 de octubre de 2009

Un par de flores negras. (Las que marcaron el principio del fin)




Hoy compré un par de flores negras para poner en mi pelo.
Un par de flores negras, que esperan tu regreso,
Un par de flores negras que aguardan esperanzas rotas.
Un par de flores negras que siempre supieron que no ibas a llegar.
Que colgué en mi pelo para verme más linda, y que llore toda una tarde, sin saber que había pasado.

lunes, 28 de septiembre de 2009

Soledad con acentos.

Es lo que pasa cuando uno se aferra a esperanzas que no llegarán a ni un lado.
Es lo que pasó contigo, que por tanta burocracia, sólo me tiré al vacío.
Tratando que fuera un parche curita para una herida, que más parece una puñalada,y al final por impulsiva sólo lancé agua ardiente a la herida, la cual ahora arde y no sana.
Es lo que pasa cuando los solitarios, tratamos de no estar tan solos, y en intentos desesperados, somos unos cojos corriendo en la maratón. Preguntándonos que tienen esos, que no tengamos nos.

Agarrando mañas y porquerías, como regalos en navidad, y buscando esperanzas, como los enfermos en las iglesias.

Es el problema de cuando la soledad pesa, cuando las noches se hacen cada vez más frías, las sonrisas más difíciles, y los zapatos más pesados; cuando hablamos en mil idiomas, y no podemos expresar sólo uno.
Son las ganas de estar perdidos antes de seguir vacíos, mirando por la ventana las fiestas ajenas: Es la soledad con acentos.

Esa que nos pone áspera la piel, y por dentro nos hace más frágiles y volubles a las sobras de cualquiera.
La misma que nos deja para variar, en una lista de espera, ariscos, con los ojos vendados, y el corazón bien escondido, por la costumbre a que llegue alguien y de un manotón lo tire al suelo.

Y mil pedazos, mil lágrimas, mil canciones, vuelven a sonar. Como un cuento cliché, que ya nos sabemos de memoria, como esos finales felices, que a pesar de que sabemos que no van ha llegar, estamos ahí, atentos, cada noche esperando que al menos si se puedan soñar.

sábado, 5 de septiembre de 2009

Una sonrisa.


El corazón me llegó al cuello,
aunque mi esperanza sea reacia a volver.

Y sólo te robare una sonrisa;
para guardarla bajo mi almohada.

Sólo para aferrarme a ella cuando tenga pena,
sólo para tener un minuto tuyo aunque no estés cerca.

¡¿Y tú?! ¿Tú?
Ya no robaras nada,
no golpearas mi espalda,
por que tengo tu sonrisa bajo mi almohada,
para llevarte como mi mayor alegría,
y ya no como mi más grande herida.