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martes, 9 de febrero de 2010

La luna y el sol.

Ella es la luna. El es el sol.
Ellos se amaron desde siempre, danzaron en torbellinos leves, se juntaban en irrefutables instantes de libertad encontrada, y formaban una presencia llena de las mejores notas y sabores, con las sensaciones que sólo de a dos se logran palpar.
Simplemente era amor.

Un día, un niño mimado que acostumbraba jugar solo, se sintió completamente celoso de que alguien brillara más que el, que alguien en el universo no jugara solo como el. Por lo que con su ego magnánimo y ganas de jugar a la guerra, creó a la tierra, y no halló mejor trinchera que el espacio entre la Luna y el sol. Su despecho dejó a la luna como un simple satélite; amarrado al mar, y al sol como un ardiente esclavo; lleno de ira, y atado al suelo de sus muñecos nuevos.
La luna y el sol no pudieron danzar nunca más, ese mundo nuevo y molesto, giraba y no los dejó de marear.
Y es por ello, por el ego de un despechado maniaco, que hoy la luna y el sol no se pueden amar. Cada vez que se cruzan uno da al otro oscuridad.


miércoles, 3 de febrero de 2010

La Pajarita y el Lobo.

Una pajarita volaba bien alto, -bueno, ni tan alto- había logrado escapar de un lobo feroz. Pero la pajarita por alguna razón era testaruda, y una noche, cuando escuchó al lobo aullar a la luna a lo lejos, sintió curiosidad de ver si estaba con el rabo entre las piernas como le había contado el viento; si sus garras ya no la podían encerrar de nuevo.
Así fue, como la pajarita, regresó por cuenta propia a la cueva del lobo, bajo su propio riesgo, intentando salir ilesa, sola.

Aún vuela camino a la cueva, ya está cerca, el lobo duerme, y la pajarita le cuida el sueño a veces...
Aún no sabemos que será de ella.